Diario de un asesino a sueldo (24-4-2005)
Llevo varios días sin parar, sin estar quieto ni un momento. Es lo que tienen los días posteriores a un encargo. He dormido en cuatro apartamentos distintos por toda la zona norte, toda precaución es poca. Desde la dirección me han ido mandando instrucciones en las que me dejaban claro que iban a por mí, por lo que debía permanecer escondido durante un tiempo prudencial. Esto es horrible, me siento como un pájaro enjaulado. Ayer salí un rato, sólo para que me diera un poco el aire. El vecino de arriba, un gordo horrible, me miró con muy mala cara y a mí me entraron los nervios y volví al piso. Echo de menos a E y el trabajo, necesito un nuevo encargo. No sé cuánto me quedará para poder volver al escenario. Odio estos días en blanco enclaustrado en apartamentos desconocidos, inhospitos y tremendamente fríos.Por cierto, sigo sin oir bien del todo, aunque sigo recobrándolo poco a poco. Esto es otra putada más que empeora mi situación. Mañana debo abandonar la ciudad, no sé cuál será mi destino.
Perdí la voz el sábado, después de pegarle el tiro a aquella mujer. Cuando su cuerpo ya descansaba en el suelo arenoso y su herida aún humeaba, noté que no podía hablar, intenté comunicarme con quien estaba al otro lado de la línea telefónica de mi móvil, pero me fue imposible. Daño colateral lo llaman los yankis, yo simplemente lo denominaré gajes del oficio.