
“Perdí la voz el sábado, después de pegarle el tiro a aquella mujer. Cuando su cuerpo ya descansaba en el suelo arenoso y su herida aún humeaba, noté que no podía hablar, intenté comunicarme con quien estaba al otro lado de la línea telefónica de mi móvil, pero me fue imposible. Daño colateral lo llaman los yankis, yo simplemente lo denominaré gajes del oficio.
Había cumplido mi trabajo, no sin cierta dificultad, fue difícil lograr llevarla a aquel descampado. Secuestrarla cuando salía de su hotel es posible que haya sido una de las maniobras mas complicadas que he realizado a lo largo de mi carrera como asesino a sueldo. Sin embargo, todo esto me va forjando, me fortalece el ánimo de seguir mejorando en una profesión muy necesaria en los tiempo que vivimos y que aún debe darme muchas tardes de gloria”
- La primera vez que matas es como la primera vez que montas en bici: nunca se olvida. (20-4-2005)